Notas sobre el movimiento simbolista

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Notas sobre el movimiento simbolista

Ch. Baudelaire, P. Verlaine, A. Rimbaud, y el simbolismo poético

 

 

Arthur Rimbaud,

paradigma del poeta maldito, 

así llamado

no por las noches de embriaguez desbordada,

-en eso es un cualquiera-

sino por la satánica y divina

factura de sus versos.

C. Bonilla

Poetas que protagonizan novelas

            J. M. G. Le Clézio (Francia, 1940) recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 2008.  La cuarentena (1997) es una novela suya cuyos hechos se inician en París hacia 1872 y concluyen en la isla de Mauricio en el Océano Indico hacia 1891. Si bien los hechos del relato principal se ubican en el archipiélago que rodea esta excolonia holandesa, francesa, inglesa…, hay un relato marco que ubica al personaje principal, siendo un niño, en una taberna parisina donde, según su costumbre casi doctrinaria, irrumpe desafiante el poeta Arthur Rimbaud (1854-1891) y amenaza a la clientela.

Entre los precursores del movimiento simbolista, considerado fundamento del arte del siglo XX  y ni se diga de la poesía, está Arthur Rimbaud. Hacia los años en que inicia el relato de Le Clézio, el gran poeta tenía unos 17 años y era asiduo practicante de “su alquimia del verbo” que le permitiría convertirse en vidente por medio del desarreglo de todos los sentidos. Con este pretexto pasó a sumirse, junto a Paul Verlaine (1844-1896), en toda una ola de excesos. Vagabundeaba día y noche por las calles de París para luego presentarse en las reuniones literarias con la ropa sucia o en estado etílico, hechos que rápidamente le dieron mala fama y el sobrenombre de enfant terrible (Wikipedia, 4 octubre, 2010).

Pero unos 5 años antes de que Rimbaud naciera, había muerto otro asiduo de las tabernas de París, dicen que no tan desarreglado en el vestuario, pero parecido de ebrio y de mal viviente, Charles Baudelaire (1821-1867) (Sartre, 1968, p. 125). Inclusive, unos 15 años antes de que el enfant terrible se soltara por Montmartre, ya Baudelaire había publicado un libro decisivo de la literatura francesa que es –debe aceptarse– también de la literatura universal: Las flores del mal (1857).  Los vínculos directos de Verlaine con Rimbaud,–que fueron contemporáneos, aunque mayor el primero–, y la causa común de “todo por el arte” que ambos comparten con su antecesor Baudelaire, hace que los tres se muestren en el imaginario de la literatura como una especie de “trinidad”, conocida genéricamente como “los poetas malditos”. El término de “malditos” lo inventó Verlaine para referirse a sus cofrades contemporáneos, y no incluyó a Baudelaire, que desde antes estaba muerto y sepultado. No obstante, en términos generales,  el término se generalizó luego para referirse a poetas talentosos que rechazan los valores de la sociedad, encabezan provocaciones peligrosas, son antisociales o libres y por lo general mueren antes de que su genio sea reconocido por su valor razonable.  

(Wikipedia, 4 octubre, 2010).

 

El simbolismo y la literatura francesa

Como bien se sabe, en los años 70 del siglo XIX, la literatura francesa presenta un extraordinario desarrollo. Ha pasado el influjo del movimiento romántico, centrado en el ideal y en la individualidad, e imperan en el medio cultural, el realismo y el naturalismo, que ahora proponen temas basados en el conocimiento científico, la descripción de la realidad, el carácter didáctico de la literatura.  Por el carácter pendular del arte, que va de un extremo a otro hasta agotar su energía, la actitud prosaica y concreta del realismo y naturalismo no pueden satisfacer la necesidad expresiva de los nuevos artistas y surgen movimientos como el parnasianismo y el simbolismo. El parnasianismo, cuyo lema es “el arte por el arte”, propone una poesía, de la máxima perfección formal, aunque demasiado obvia. Contrariamente, el simbolismo, propone regresar al misterio, a la sugerencia,  al mundo de los sueños y del peligro.

Aunque el simbolismo fue bautizado de esa manera en los años 80 de ese siglo, ya hay manifestaciones suyas una o dos décadas antes.  Se considera que esta expresión fue preludiada por Ch. Baudelaire, S. Mallarmé, P. Verlaine y  A. Rimbaud, en Francia, y por E. A. Poe en los Estados Unidos.  En 1886 apareció en Le Fígaro el manifiesto simbolista de J. Moréas.   No estaba circunscrito a la poesía sino a todas las artes y proponía recurrir a procedimientos artísticos cada vez más refinados (sugestiones, analogías, asociaciones, sinestesias, signos simbólicos, imágenes nacidas de una plasticidad y un grafismo voluntarioso, rítmica cercana al mundo de la música). Se proponía el simbolismo representar el mundo de los sueños; el ámbito de lo misterioso, de lo psicológico del contacto vivencial con el mundo.

Como bien se conoce, un símbolo es una imagen con la que se sugiere o esboza una realidad o un concepto.  Mediante el proceso de simbolización, una cosa se hace gráfica, plástica, en una esfera de significación superior con la que se identifica sin perder su papel como cosa. A diferencia de la metáfora, en el símbolo se mantiene la relación entre visualización y significado y, a diferencia de la alegoría, la visualización no está construida sólo para expresar el significado. (Rioduero, 1977)

 

Charles Baudelaire, precursor del simbolismo

Charles Baudelaire (París 1821-1867) tuvo una vida enormemente agitada, tanto porque su carácter lo atormentó desde la infancia como porque sus costumbres lo condujeron a la disipación y a la vida libérrima. Su obra Las flores del mal, entrejida de culto a la belleza y de fascinación por lo perecedero y por el mal, convirtió a su autor, maestro en el arte del lenguaje, en un poeta influyente tanto en la lírica francesa como en la inglesa y alemana, sobre todo entre simbolistas y surrealistas. 

Baudelaire, es hoy considerado padre de la lírica moderna, principalmente la del siglo XX. Sus obras, entre las que destacan Las flores del mal, Los pequeños poemas en prosa y Los paraísos artificiales, fueron tan renovadoras, que incluso algunas de ellas se prohibieron por considerarse oscuras e inmorales al retratar sin tapujos el uso de drogas, la sexualidad y el satanismo.  La primera edición de Las flores del mal fue censurada por los tribunales y la prohibición de varios de sus poemas no fue levantada en Francia sino hasta un siglo después (1949). Baudelaire dice en su dedicatoria a Téophile Gautier:

Aunque te ruego que apadrines este libro, no creas que yo ande tan descarriado ni que sea tan indigno del título de poeta como para creer que estas flores enfermizas merecen tu noble patrocinio. Ya sé que en las etéreas regiones de la verdadera poesía no existe el mal y tampoco el bien, como sé que no es imposible que este mísero diccionario de la melancolía y del crimen justifique las reacciones de la moral, del mismo modo que el blasfemo viene a reafirmar la religión.

            En un poema dedicado a A. Rimbaud, el poeta costarricense C.Bonilla dice que los denominados “poetas malditos” pueden llamarse así no por sus desmanes en la vida privada sino por la “satánica y divina factura de sus versos”.  Con esto quiere decir que el cultivo del lenguaje, el conocimiento de la técnica poética, las exigencias formales que se imponían, produce que entre los poetas franceses del período haya obras de inusitada perfección. Han actuado para ese hecho, a la par del particular talento de los poetas, una serie de factores: la evolución de la literatura francesa, la tradición parnasiana de elaboración preciosista del poema, los descubrimientos conceptuales del proceso de simbolización y de administración de la información en el texto poético, etc.

Teóricos como Roman Jakobson y C. Lévi-Strauss, por su parte, se han planteado explicaciones sobre la manera en que se manifiesta la literariedad (más propiamente la poeticidad) en obras como las de Ch. Baudelaire. Esta es la razón de su puntilloso estudio sobre Los gatos, soneto incluido en Flores del mal (Ensayos de poética, 1977).  A continuación se incluye una reseña de ese estudio, no con el fin de explicar el método sino más bien de apreciar la estrategia expresiva del poema y el sinnúmero de ángulos que debe dominar el creador para realizar una obra así de perfecta, como “satánica o como divina”.

 

Valores literarios en Les chats de Ch. Baudelaire

 

Les chats es un soneto incluido en Las flores del mal de 1857. El estudio de R. Jakobson (lingüista ruso) y C. Levi-Strauss (antropólogo francés) fue publicado en 1962.  Se adjunta el original en francés y una traducción literal, aportada por los investigadores. Se recomienda leer previamente estos dos textos para ubicarse en la reseña del análisis.

La primera característica del estudio es que se basa en los métodos lingüístico y antropológico, lo cual implica reconocer que el texto, constituido con base en recursos lingüísticos, tiene su explicación en la visión mítica de los gatos.  

i. El análisis lingüístico planteado aborda todos los niveles del lenguaje: fonológico (sonidos en función del significado), fonético (sonoridad), sintáctico (relaciones entre partes de la oración), prosódico (reglas de la poesía métrica), semántico (reglas del significado).

ii. Gran parte del estudio consiste en describir las reglas de la rima, lo cual permite describir la manera armónica y significativa en que las coincidencias de sonido se distribuyen en el poema. En la poesía francesa se atribuye significado especial a las rimas de palabras graves o de palabras agudas.

iii. El análisis de la manera en que se distribuye la información del texto a través de las distintas estrofas (14 versos en dos cuartetos y dos tercetos) evidencia una simetría sorprendente: los primeros seis versos portan un significado determinado de los gatos-dos hacen una transición-los últimos seis plantean un nuevo significado de estos felinos en el mundo poético. Por ejemplo, aquí puede verse que la puntuación está puesta con una precisión inusitada.

iv. Las observaciones sobre coincidencias de sonidos que no son rimas (aliteraciones) pero que contribuyen a la sonoridad del texto, permite concluir que en el texto no se buscó una sonoridad gratuita, simplemente agradable, sino también significativa. Esto lleva a la sensación de que la especial sonoridad que el poema tiene en francés estándar es también una evidencia de su coherencia significativa.

v. Por otra parte la relación que se observa entre los fonemas /l/, /r/, /n/ en relación con posibles significados, señala varias coherencias evidentes: en el poema predomina  /n/ considerado un sonido suave y agradable en francés; por otra parte /r/, percibido como áspero, si bien predomina en la primera parte (versos 1-6), se ve en la segunda parte (9-14) sustituido por /l/, definido como más claro y límpido. Esto puede entenderse como una manera de reforzar la elevación del gato doméstico a ser mítico.

vi. El análisis del proceso mediante los cuales se presenta la transmutación de los gatos (de domésticos acompañantes a dominadores autónomos de un espacio mágico), permite observar que operan dos mecanismos literarios: primero los gatos reciben sus condiciones de estar con los humanos (metonimia), y luego los gatos son humanos sin perder su condición porque son esfinges (metáfora).

vii. El análisis de algunos significados implícitos en palabras del poema (suaves, voluptuosidad, esfinges), así como el hecho de que en otros textos, el poeta asocia al gato con la feminidad, permite concluir que el ser poetizado no es masculino sino femenino. Esto evidencia la sutileza del planteamiento poético.   

Hasta aquí esta reseña sumaria de un detallado estudio con los métodos lingüístico y antropológico. Más que resumir un complejo estudio, hubo el propósito de ejemplificar las dimensiones que se asocian en la composición poética.

Pensando en los simbolistas franceses, “malditos” o no, siempre queda la inquietud de cómo pudieron mozalbetes que no habían tenido suficiente tiempo de cultivarse y que dedicaban demasiado tiempo a su “alquimia del verbo”, o sea a su disipación, elaborar textos tan perfectos en su fondo y en su forma como lo demuestran los análisis técnicos. Evidentemente había talento, pero también trabajo, lo que a veces olvidan algunos “malditos” modernos, que esperan demasiado de su talento y su inspiración.

 

El simbolismo y su herencia a la poesía universal

 

Si bien el simbolismo es la cumbre de la perfección formal de la poesía, es también el principio de la relativización de la forma. Esto quiere decir que desde finales del S. XIX, en la tradición poética occidental, el nivel fónico (matriz convencional de medida, rima, posición de los acentos) empieza a perder su importancia. Están dadas las condiciones para la poesía “libre”, en la que el nivel semántico, el significado del poema, sea el punto fundamental.

Los simbolistas franceses, si bien cultivaron en su primera etapa, la perfección formal, pronto desconfiaron de ella, como condenaron la superficialidad parnasiana del arte por el arte. Lo propio del simbolismo es el carácter simbólico del poema: el uso de expresiones que conducen a un significado no literal, a un lenguaje segundo. Pero paralelamente a este compromiso con el contenido, los simbolistas exploraron otras formas de reforzar el contenido. Para ello se valieron de versos sueltos en los que el ritmo lo daba la distribución de la cantidad vocálica o la posición de los acentos, esto es recurrieron a los pies métricos de la poesía grecolatina. Rubén Darío y los modernistas hispanoamericanos y españoles, descendientes directos de los simbolistas franceses, supieron en su momento incorporar esas posibilidades rítmicas al verso en castellano. Dice Darío: Inclitas razas urrimas, sangre de Hispania fecunda,/esritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!/Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos/lenguas de gloria.

Otra herencia del simbolismo francés a la poesía universal, o por lo menos a la hispanoamericana, es el hermetismo relativo, ese deseo de huir de la obviedad descriptiva del realismo. Además de una posición estética esta es una necesidad de la nueva función que se otorga a la poesía: la de la expresión del ser, en la cual los planos de la percepción se mezclan y superponen. 

Puede ser que no todo lo propio de la poesía moderna se deba al simbolismo francés, lo que si resulta evidente es que a partir de ese movimiento se cuestiona directamente cuál es el papel de la poesía, su misión entre las artes, la especificidad de sus recursos.

En síntesis, el simbolismo francés del último tercio del S. XIX aparece como una tendencia consistente y característica de la poesía occidental, que cierra una época y que abre otra, la cual es claro que permanece abierta hasta nuestros días.

 

 

 

Bibliografía citada

 

Diccionario Rioduero Literatura. Madrid: 1977 (Tomo I).

Diccionarios Rioduero Literatura. Madrid: 1977 (Tomo II)

Jakobson, Roman y Strauss, Levi. Ensayos de poética. México: Fondo de Cultura           Económica, 1977.  Hay versión digital en: www.scribd.com

Wikipedia, la enciclopedia libre. Simbolismo (octubre 4, 2010).

Acereda, Alberto. Juan Ramón Jiménez y el verso libre en la poesía española. En:

 www.albertoacereda.com

 

 

 

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