A manera de conclusión
En este material hemos estudiado una serie de habilidades básicas de redacción. Procedemos a un repaso de lo que se ha visto.
1. Definir la intención. El escritor español José Martínez Ruiz (Azorín) ha dicho: “Pensar con lucidez y escribir con claridad”. Esto significa que aclararnos nuestra posición, lo que queremos con el texto, es condición básica para que podamos redactarlo. Por tal razón, meditar en el tema, planear lo que se debe decir, no es perder el tiempo sino prepararse para aprovecharlo.2. Establecer el tipo de escrito. Como quien se sirve en un supermercado, para el redactor acucioso existen infinidad de productos que le pueden servir para expresar lo que desea. Tanto los diversos géneros literarios (cuento, novela, poema), como los científicos (artículo, ponencia, manual) son posibilidades disponibles para el escritor. Y si ninguno le sirve, como en una cena bufet, el redactor puede formarse su propio plato.
3. Seleccionar la información. “No todo lo que brilla es oro”. No todo lo que sabemos sobre un tema debe incluirse en el informe, la carta, el libro. Con frecuencia hay que saber renunciar a un dato que ha costado obtener, pero que no viene a cuento. Tan importante como esto es también convencerse de que prácticamente sobre todo tipo de temas hay posibilidades de conseguir antecedentes.
4. Establecer el orden es el principio fundamental de la redacción. La propia palabra “redactar” procede del término latino “redigere“, ordenar. Así como “en el principio era el caos”, al empezar a redactar hay un material disperso que sólo el cerebro humano puede convertir en un informe, un inspirador poema, una carta decisiva.
5. Generar oraciones. Así como “para comer y cantar todo es empezar”, según dice el antiguo refrán, no hay producto si no se empieza a producir. En un principio más interesa la producción que la perfección; si no se genera producto, no se puede aplicar ningún criterio de calidad.
6. Escoger vocabulario es como seleccionar el material con el que se construye una casa, una operación delicada, algo determinante para el resultado final. Sin embargo, hay una ventaja definitiva: en cualquier etapa de la construcción del texto se cambia cualquier palabra, se suprime la frase o el capítulo que se nos ocurra, y nada se derrumba, más bien todo se fortifica.
7. Establecer enlaces verbales. Como señales de tránsito que orientan en la ciudad, como códigos de colores que permiten saber qué fluye por dentro de un tubo en una fábrica, así son los enlaces verbales. Se trata de palabras que nos están recordando la intención del escritor: contar, argumentar, comparar, etc. Indudablemente se puede leer un texto sin enalces, pero es como circular cuando se han apagado los semáforos, un relativo riesgo.
8. Manejar la extensión de la oración psicológica es como saber la cantidad que cada individuo sentado a la mesa puede comerse. Hay personas que podrían aceptar una porción mayor, pero es importante usar una medida. Una gran porción sin cortes puede quitarle el apetito a alguna persona sensible; a otra la obliga a ir cortando. El mejor redactor debe ser quien de mejor manera dosifique la información.
9. Manejar el punto y coma es tener presente el lema que dice: “juntos pero no revueltos”. Los segmentos que este signo separa y une al mismo tiempo son partes complementarias pero autónomas de una misma idea.
10. En cambio, manejar la coma es como hacer uso de un muro bajo, de algo que separa elementos que siguen viéndose por encima. Es una manera de decir “esto es de aquí y esto de allá”. La coma no es normalmente un signo tan decisivo en la lectura como lo es el punto. No obstante, no hay que descuidar sus intereses.
11. Controlar el paralelismo es como evitar “un domingo siete”. Es como cuidar la armonía conceptual del texto. No cabe duda de que lo que no tiene paralelismo más o menos se entiende; tampoco cabe duda de que una enumeración paralela es más legible, más clara, más bajable.
12. Controlar redundancias es una obligación que contradice el aserto popular de que “lo que abunda no daña”. Todo texto tiene una relativa redundancia, una repetición que nos está recordando los fundamentos de lo que planteamos; sin embargo, si abusamos de esa condición el texto se vuelve recargado, da la impresión de que no sólo sobran los elementos repetidos sino todo el texto. La redundancia es la gota que derrama el vaso.
13. Finalmente, controlar cacofonías es poner a buen recaudo, silenciar los ruidillos que distraen al lector. No obstante, perseguir con ensañamiento la coincidencia de este sonido con aquel otro sin atender problemas mayores del texto es como “buscar la paja en el ojo ajeno..”.
El propósito principal de los ejercicios presentados ha sido ayudar al estudiante a reconocer los mecanismos de la producción escrita. El entrenamiento que le asegurará un mejor dominio del proceso de redacción va a ser, más bien, la práctica en trabajos propios de las que aquí se han denominado habilidades básicas de redacción.


